Empiece por darle un nombre real a su enfermedad. Aunque las palabras desconocidas puedan parecer extrañas al principio, sus hijos necesitan saber el nombre real de su enfermedad. Es posible que su hijo de cinco años no entienda bien las sílabas, pero podría escuchar esas palabras de alguien más y no querrá que se confunda sobre si "cáncer de mama" es lo mismo que el "bulto" del que usted le habló. Su hijo de 10 años puede preocuparse al escuchar el término “leucemia” porque ahora tiene una enfermedad nueva y más grave que la “enfermedad de la sangre” que dijo que tenía antes. ¿Cómo va a saber su hijo de tres años que la "pupa" que usted tiene dentro, que requiere que vaya al hospital para recibir un medicamento especial, no es el mismo tipo de pupa que ocurre cuando él se cae y se raspa la rodilla, o como la infección del oído que significa que necesita tomar una pastilla rosa?
Puede que usted evite usar el nombre de su enfermedad porque le preocupa que su hijo de 16 años escuche el término médico de su enfermedad, haga una búsqueda en internet y se asuste por lo que encuentre. En última instancia, no puede proteger a sus hijos mayores de la información, pero puede abrir los canales de comunicación para que lo aborden con sus preguntas y reciban información basada en la realidad de su atención médica y su vida como familia.